Joy Division – Unknown Pleasures

Posted on julio 5, 2011

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Para entender la música de Joy Division hay que entender lo que significa o más bien significó el punk, un subgénero del rock caracterizado por dos conceptos:

– Musical: bebe directamente del garage rock, género de una década atrás (es decir, los 60, ya que el punk pertenece a los 70), que se caracterizaba, como explica su nombre, por sonar como un grupo de amiguetes que deciden tocar por diversión en un garaje. Un sonido minimalista, primitivo, con acordes engrasados.
– Ideológico: el punk acogió un fenónemo que cíclicamente se repite en la Humanidad, y por supuesto en su faceta musical. El descontento con la mayoría. Al igual que antes la psicodelia hippie había acogido la protesta mundial contra las guerras, al igual que el grunge acogería después el sentimiento de frustración hacia el mundo, el punk acogió ciertos ideales que ya han aparecido antes o aparecerían después: el deseo de profunda libertad individual, la rebelión contra el consumismo depredador, el anhelo de revolución social, el rechazo de los fundamentalismos, y en general la lucha contra la moda y lo generalmente aceptado. Ideas que recuerdan a los idearios hacker o a las ideas anarquistas, por citar un par.

La base de Joy Division, pues, es el punk. De hecho los integrantes de la banda se conocieron en un concierto de los Sex Pistols, que son al punk lo que Bob Marley al reggae.

Dicho ésto, parte del movimiento derivó hacia un sonido siniestro, decaído, nihilista, que empezó como post-punk y que acabaría derivando en el rock gótico que conocemos hoy. Es en ese movimiento donde encaja Joy Division, junto con bandas como Bauhaus o los más populares The Cure, de quien fueron teloneros.

Hay que entender todo ésto para apreciar la música de Joy Division, tristona y decadente, con un cantante, Ian Curtis, que acabó ahorcándose en la gira del primer disco de la banda. Deprimido y epiléptico, no llegaría a ver el lanzamiento de un segundo disco de la banda, que acabaría refundándose en New Order.

Por ejemplo podemos ver sus bailes basados en movimientos propios de su enfermedad, con tanta verosimilitud que a veces el público ignoraba si la actuación era tal. Movimientos salvajes como los fogonazos descontrolados e iracundos que liberaba en sus versos, puro caos poético.

Bailes retratados en la película 24 Hour Party People, que habla sobre la creación de un sello discográfico británico de la época, y que por supuesto debía tocar el tema de Ian Curtis.

O en la película Control, biografía sobre Ian.

Empieza el disco Unknown Pleasures con la canción “Disorder”. Con los instrumentos presentándose poco a poco, la voz de Ian Curtis asoma ya con un veredicto: He estado esperando a un Guía que llegue y me coja de la mano.

La segunda canción de las diez que componen el disco es “Day of the Lords”, que con esa escalada progresiva de cuatro notas logra adentrarnos en esa oscuridad a la que Ian quiere llevarnos. No hay habitación para el débil / ninguna habitación para el débil. Una de mis favoritas.

Seguimos en la misma línea con “Candidate” y ya en “Insight” contemplamos la introducción del sonido electrónico en una de sus canciones.

Con “New Dawn Fades” llegamos al ecuador del disco. Otra de mis preferidas, por un comienzo que precede al inmenso tormento que vivía este poeta. Curiosa y paradójicamente en uno de sus versos dice Ian que “una pistola no te liberará”.

Después de “She´s Lost Control” llegamos a “Shadowplay”, con un sonido más duro por parte de la guitarra, dándole a la canción una consistencia y una pesadez destacables.

Con “Wilderness” asistimos a un mensaje religioso, con de nuevo la lúgubre voz de Ian Curtis recordándonos en muy breves momentos a la de Jim Morrison, una de sus grandes influencias.

“Interzone” es quizá la canción del disco con un sonido más “alegre”, recordando los momentos felices de la juventud.

Terminamos con “I Remember Nothing”, la canción más larga del disco (casi llegando a los seis minutos). Eternamente oscura, baño oceánico de ingravidez, siniestro súmmun de la agorafóbica presencia de Ian Curtis.

Resumiendo, la automática y grave voz de Ian Curtis consigue transmitirnos la realidad atormentada en la que vivía. Oscuro, visceral, salvaje, crudo, opresivo, árbol marchito, atmosféricamente suicida, con un sonido casi demasiado sencillo, barracón de angustia, Joy Division es uno de los precursores del sonido gótico y es ya considerada una de las bandas de culto, así como Ian Curtis uno de los grandes poetas del rock. Escucharles es ir a un cementerio y contemplar un precioso mausoleo hecho de mármol negro y brillante mientras las negras e inmisericordes nubes del cielo llueven sobre tu soledad.

Una carrera intimista hacia la desconocido donde nadie nos acompaña. A los 23 años, Ian Curtis decidió pegar un sprint.

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