John Coltrane – A Love Supreme

Posted on julio 12, 2011

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Hablábamos aquí del hardbop de Miles Davis, y de cómo con el disco Kind of Blue, donde colaboraba con John Coltrane, se alejaba del sonido europeo del cool jazz para abrazar de nuevo el sonido primigenio del género para adentrarse en su propio estilo compositivo, el jazz modal.

Después del hardbop hubo una evolución hacia lo que se conoce como free jazz, donde se comienza a prescindir del swing y de los fraseos musicales, llegando a un estilo que sería despreciado por algunos críticos al dejar de ser considerada “música”, ya que realmente el estilo resultaba muy duro para los oídos no acostumbrados al tener poca melodía a la que poder agarrarse, por no hablar de que empezó a adquirir tintes políticos, algo que no todos los músicos acogían con entusiasmo.

Se llega aquí al estilo de jazz modal que usa Miles Davis, un concepto de improvisación más avanzado, en el que se dan pocos acordes dejando un armónico espacio para la improvisación, como vimos en Kind of Blue. John Coltrane, aunque seducido por dicho estilo, prefirió en este disco desarrollar un nuevo subgénero del jazz, el postbop, evolución del hardbop (recordemos, doble escisión del swing en cool jazz, más apacible y europeo, y hardbop, volviendo a las raíces) cogiendo la amplísima libertad del free jazz. Es por lo tanto una parte más genérica, al evolucionar del hardbop para acoger las novedades free jazz, resultando en un estilo bastante difícil para los oyentes nuevos del jazz, como ahora veremos.

Y es que este disco es una de las grandes obras maestras del jazz, aunque para oídos no hechos para el género les costará, a diferencia de Kind of Blues, ver por qué.

Coltrane es un saxofonista exigente que en este disco nos muestra su poderío en cuatro canciones, tres de ellas de siete minutos y la cuarta de once, llegando sin embargo a ser capaz de extender sus improvisaciones en conciertos durante recorridos sonoros de media hora.

Comienza aquí a sonar su saxo tenor, en quizá la más pegadiza de las cuatro composiciones: “Acknowledgement”.

Con “Resolution” y sus preciosas notas de saxo iniciales proseguimos en la búsqueda espiritual que supone este disco para John Coltrane.

“Pursuance” supone la canción más larga de disco. Enorme demostración instrumental de Coltrane y compañía.

Con “Psalm” concluimos de forma magistral este disco.

El disco debe su enorme éxito a que acogió un estilo de sonido espiritual, kármico, y hay que recordar que el movimiento hippie estaba ya en ciernes. Es un estilo crudo y desgarrador, y es por ello que al oyente que viene de empezar con el jazz de Miles Davis los paisajes extensísimos de John Coltrane se le antojarán aburridos, longevos hasta la extenuación. Un grande como John McLaughlin dijo ser “incapaz de captar nada” en su primera escucha. Así que éste es un disco muy difícil de oír, inmerso en el free jazz, pero que ha sido enormemente influyente, porque tras pasarle unas cuantas escuchas, empiezas a percibir, aunque duramente, el sonido y la textura que tiene de trasfondo. La “Sábana de Sonido” de la que hablaban los primeros críticos. Carlos Santana y John McLaughlin trabajarían de hecho juntos versionando una de las canciones del disco.

Hay que contemplarlo pues como a un innovador, y aunque no sigue el estilo más melódico del jazz modal de Miles Davis, es requisito necesario para su justa compresión y valoración el escuchar el disco varias veces, pues si no se corre el riesgo de despreciarlo por su dificultad.

Un disco terriblemente complicado, como digo, muy difícil de oír de cabo a rabo debido a su enorme complejidad, no sólo de la composición sino del propio subgénero del jazz al que pertenece, pero sin duda alguna es un gran disco, una obra maestra de otro de los grandes del jazz, como es John Coltrane, donde nos deja claro lo que le movió a la hora de crear el disco: la espiritualidad. Mágico, especial, pero extraño y complejo, es posiblemente junto a “Unknown Pleasures” el disco que hasta ahora más me ha costado destripar. Pero, como todos, acaba mereciendo la pena.

Si habéis leido hasta aquí y no os ha entrado por ningún lado y estáis a punto de abandonar este tocho de música con sabor amargo de boca, ved antes, os lo pido, este último video, para azucararos el espíritu, al menos, antes de salir.

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