Jean-Michel Jarre – Oxygène

Posted on agosto 1, 2011

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El tercer disco de la larga carrera de este compositor francés (hijo de un músico compositor de bandas sonoras) fue el primero que le dio fama a este artista, uno de los primeros compositores que creyeron que la música electrónica no era sólo material para hacer experimentos, sino que realmente podía crear música por sí misma.

Sus sintetizadores caseros crearon un movimiento que influyó determinantemente en la música electrónica posterior, y las melodías que ahora escucharemos nos sonarán a otros movimientos como Mike Oldfield (su Tubular Bells es del 73 frente a Oxygène del 76) o Vangelis (perteneciente también a la vanguardia del sonido electrónico setentero, la llamada corriente de música espacial) pero sin embargo hay que reconocerle a Jean-Michel el mérito de la innovación y comercialización del estilo.

Es un disco muy vendido, y muy comercial en el sentido de que sus canciones no se evaden de las melodías. Muy al contrario, unos cuantos sonidos sencillos van progresando y escalando hacia una suma de sonidos sencillos que, unidos, suenan complejos, pero sin perder individualmente la esencia melódica que los sostiene, logrando que, al escuchar las canciones, uno se acabe agarrando a su sonido.

Tal es su influencia que si ponemos oxi en Youtube, nos saldrá en tercer lugar. Pertenece a esa rama de artistas que no tiene tanta fama como los Spears, Jackson o Hendrix, pero que ha sido terriblemente influyente pese a no tener tan legendarios apellidos.

Seis canciones componen el disco. Allá vamos.

Comenzamos con la primera parte de Oxygène (las canciones siguen una numeración). Un comienzo bastante penetrante y sugerente, que no tarda en volverse misterioso, imaginándonos una infinita inmersión sobre una fosa abisal, rodeados de enigmáticas criaturas, sin apenas luz, sobre un lecho marino que parece siempre inalcanzable. De sonido lúgubre, es una aproximación de la capacidad de Jean-Michel de arrancar emociones mediante el sonido.

Más animada es la segunda parte, los continuas repeticiones sugieren una escapada futurista, con metralla láser esparcida sobre el entorno de una huidiza nave rebelde a través del espacio. Trémula y vibrante, no deja de asociarnos tensión y cierta desazón.

La tercera parte, cortísima, resulta espeluznante y sobrecogedora.

La cuarta parte, la más famosa del disco, nos seduce desde el principio, asfixiando nuestra fantasía e imponiéndonos una alternativa realidad futurista, con cruceros espaciales recorriendo la negrura del espacio mientras turistas espaciales contemplan moribundas supernovas ingiriendo perennes refrescos de cola. Enorme y tremendamente melódica, casi a la primera escucha se nos adherirá a nuestros oídos, recordándonos otras composiciones más modernas como las del mencionado Olfield. No obstante, fue Jean-Michel uno de los primeros en, precisamente, lograr que un sonido electrónico tuviera tal poder de fascinación.

Como anécdota, en el conocido videojuego GTA IV había varias cadenas de radio sintonizables, entre las cuales se encontraba The Journey, de tintes recónditos y esotéricos, entre cuyas canciones podía encontrarse ésta.

La quinta parte, bastante larga y de unos diez minutos de duración, presenta un corte más clásico, con un órgano de fondo que recuerda al estilo barroco, para cambiar hacia la mitad de la canción, con un estilo más alegre y trompetista.

La sexta y última parte presenta el omnipresente en todo el disco sonido de espaciales mareas magnéticas, juntándolo con un ritmo extrañamente latino, como emulando algún paradisíaco paisaje cósmico donde la arena es roja y hay tres soles en el cielo. Una canción que probablemente desentona con el resto del disco, más abstracto, complejo y frío.

El disco es una amalgama de sentimientos complejos, sobrehumanos, que evoca panoramas desconocidos para el hombre, de ahí mis metáforas sobre el espacio o el océano, paradigmas de mundos ocultos al ojo humano, terroríficos en su inmensidad, cautivadores por su infinitud. Las canciones de Oxygène por ello se usan en explicaciones científicas, en documentales espaciales o en los de Cousteau, invocando sensaciones que le resultan excepcionalmente turbadoras al ser humano. Inquietante, imponente, exótico, aterradoramente real incluso, es un disco básico en el desarrollo de la música electrónica moderna y por ello de la música general, un disco de esos que son capaces de crear aficiones ocultas, de hacer levantar nuestras vistas del cemento y del oxidado acero para contemplar unas estrellas muertas que siguen brillando aún en el cielo infinito, y cuya comprensión se nos sigue manifestando como una sorprendente y nívea veracidad que seguimos siendo incapaces de apreciar. Es, señoras y señores, el más inquietante, tenebroso y subyugante Miedo a lo Desconocido hecho música.

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